Durante décadas, "tener plata afuera" significó tenerla escondida. Hoy significa tenerla bien custodiada, declarada y estructurada. Son dos mundos distintos y conviene saber en cuál se está parado.

Empecemos por lo obvio, que a veces no lo es: un residente argentino puede tener cuentas, inversiones y sociedades en el exterior. Es completamente lícito. Lo que la ley exige es que esos activos se declaren y tributen lo que corresponda. La confusión histórica entre "afuera" e "ilegal" viene de otra época, y arrastra decisiones malas: gente que renuncia a la mejor custodia del mundo por miedo, y gente que la usa mal por costumbre.
Argentina participa desde 2018 del intercambio automático de información financiera (el estándar CRS de la OCDE) y tiene acuerdo vigente con Estados Unidos bajo FATCA. En términos prácticos: los bancos y brokers de más de cien jurisdicciones reportan a su fisco los saldos de sus clientes argentinos, y ese fisco se los envía al argentino. No hace falta que nadie pregunte. ARCA (la ex AFIP) recibe los datos.
Esto cambió el problema de lugar. La pregunta ya no es "cómo hago para que no se enteren", sino "cómo estructuro esto para que esté en regla, sea eficiente y me deje dormir tranquilo".
No todas las cuentas en el exterior son iguales, y elegir mal es caro. Simplificando, hay tres grandes tipos:
Interactive Brokers, StoneX y similares. Custodia segregada, protección SIPC, acceso a todos los mercados, costos bajos y apertura 100% digital. Es la puerta de entrada natural para la mayoría de las familias: cartera global, renta fija en dólares, ETFs. Un punto que suele pasarse por alto: cómo queda la cuenta en caso de fallecimiento del titular, y cómo se diseña para evitar un proceso sucesorio en el exterior.
Safra y otras casas tradicionales. Para patrimonios ya formados, con una relación bancaria completa: custodia, crédito, asesoramiento, sucesión. Requiere montos mayores y una diligencia de apertura más exigente, que es precisamente lo que la vuelve valiosa.
Una sociedad en el exterior o un trust no sirven para "esconder". Sirven para ordenar: separar el patrimonio de la familia del de la empresa, consolidar activos de varias jurisdicciones, definir reglas de sucesión que la ley argentina no permite por sí sola, o dar continuidad cuando el titular no está. Tienen costo de mantenimiento y obligaciones de información, y sólo se justifican cuando resuelven un problema concreto.
La mejor estructura no es la más sofisticada. Es la más simple que resuelve el problema que la familia realmente tiene.
El orden correcto es simple: primero, qué función va a cumplir ese dinero (resguardo, renta, crecimiento, sucesión). Segundo, qué custodio y qué estructura corresponden a esa función. Tercero, cómo se declara y qué obligaciones periódicas genera. Y recién entonces, qué se compra. Hacerlo al revés —empezar por el activo— es el origen de la mayoría de los problemas que después hay que desarmar.
Esta columna es de carácter informativo y general. No constituye asesoramiento legal, impositivo ni una recomendación de inversión. Cada situación familiar debe analizarse con los profesionales correspondientes. Normativa vigente a la fecha de publicación; verificá cambios posteriores.