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Columnas  /  Patrimonio · Agosto 2026 · Lectura 4 min

Inmuebles en la sucesión.

El activo que todos quieren y nadie puede dividir.

En la mayoría de las familias argentinas el patrimonio está en ladrillos. Es comprensible: los inmuebles sobrevivieron a todo. Pero tienen una característica que se vuelve un problema el día de la sucesión: no se dividen. Un departamento no se corta en tres.

El condominio, ese problema

Cuando tres hermanos heredan un inmueble, quedan en condominio: todos son dueños de todo y ninguno de nada. Para vender, alquilar o refaccionar hace falta acuerdo. Un hermano quiere vender, otro quiere vivir ahí, el tercero vive en el exterior. El inmueble queda paralizado, se deteriora, y las relaciones también.

Cuatro formas de evitarlo

  • Convertir antes de heredar. Vender en vida los inmuebles que no cumplen una función y convertirlos en activos divisibles (una cartera). Es lo más simple y lo menos usado.
  • Asignar en vida. Donación con reserva de usufructo: cada hijo recibe un inmueble concreto, el padre conserva el uso y las rentas. Se computa como anticipo de herencia.
  • Compensar. Si un hijo se queda con la casa, el otro recibe el equivalente en otro activo, o un seguro de vida cubre la diferencia.
  • Fideicomiso. Los inmuebles se administran bajo reglas fijadas por la familia, con un administrador, durante el tiempo que haga falta.

Dos preguntas para cada inmueble

  • ¿Qué función cumple hoy? (vivienda, renta, resguardo, ninguna)
  • ¿Quién lo va a querer mañana, y quién no?
Un inmueble sin función es un problema sucesorio con expensas.

El primer paso es el mismo de siempre: el mapa. Qué inmuebles hay, a nombre de quién, con qué títulos, y qué pasaría con cada uno el día después. Con eso, las cuatro herramientas se ordenan solas.

Columna informativa y de opinión. No es asesoramiento legal, impositivo ni recomendación de inversión. Cada caso se analiza con los profesionales correspondientes.