El activo que todos quieren y nadie puede dividir.

En la mayoría de las familias argentinas el patrimonio está en ladrillos. Es comprensible: los inmuebles sobrevivieron a todo. Pero tienen una característica que se vuelve un problema el día de la sucesión: no se dividen. Un departamento no se corta en tres.
Cuando tres hermanos heredan un inmueble, quedan en condominio: todos son dueños de todo y ninguno de nada. Para vender, alquilar o refaccionar hace falta acuerdo. Un hermano quiere vender, otro quiere vivir ahí, el tercero vive en el exterior. El inmueble queda paralizado, se deteriora, y las relaciones también.
Un inmueble sin función es un problema sucesorio con expensas.
El primer paso es el mismo de siempre: el mapa. Qué inmuebles hay, a nombre de quién, con qué títulos, y qué pasaría con cada uno el día después. Con eso, las cuatro herramientas se ordenan solas.
Columna informativa y de opinión. No es asesoramiento legal, impositivo ni recomendación de inversión. Cada caso se analiza con los profesionales correspondientes.