Las familias que se pelean por el patrimonio casi nunca lo hacen por el dinero. Lo hacen por reglas que nadie escribió.

Un protocolo familiar es un documento, acordado por la familia, que fija cómo se toman las decisiones sobre el patrimonio y la empresa. No es un contrato blindado ni un testamento: es un acuerdo de convivencia, escrito cuando las relaciones están bien, para cuando dejen de estarlo.
Un protocolo no evita los desacuerdos. Evita que un desacuerdo se convierta en una ruptura.
No empieza con un abogado: empieza con conversaciones. Qué quiere cada uno, qué le preocupa, qué no está dispuesto a aceptar. Recién después se escribe, y recién después se le da forma legal a lo que corresponda (estatutos, fideicomisos, acuerdos de accionistas).
Ordenar el proceso, aportar el mapa del patrimonio, coordinar con los profesionales y, sobre todo, mantener el protocolo vivo: una reunión anual, con números sobre la mesa, donde la familia revisa lo acordado. Un protocolo que se firma y se guarda en un cajón no sirve.
Columna informativa y general. No es asesoramiento legal, impositivo ni recomendación de inversión. Cada caso se analiza con los profesionales correspondientes. Normativa vigente a la fecha de publicación.